Afirma un joven de los cientos que en Varadero inician su vida laboral en el desafiante mundo de las construcciones turísticas donde un elevado porcentaje de la población laboral tiene menos de 35 años
Oleisi Mejías Núñez prefiere decir con lo que hace. Se lo enseñaron sus padres allá en Granma y con el ejemplo llegó a Matanzas, para convertirse en el albañil que es hoy. Sin embargo, breve su paso entre la mezcla y el bloque porque pronto lo entendió: “el enchape es lo mío”.
A los 29 años reconoce no haberse equivocado cuando apostó por una especialidad casi artística como colocar losas. “A muchos les gusta porque es la parte más noble, bella y limpia de la albañilería, aunque algunos se inclinan por ella sin saber lo que les espera y cuando se dan cuenta, no pocos regresan a sus provincias decepcionados. El ritmo constructivo en Varadero es muy fuerte.
“Aquí no se debe venir a jugar, a perder el tiempo, a derrochar los recursos. Algo chapucero, significa desbaratarlo y volver a hacerlo, eso es emplear dos veces lo plantificado, sube el gasto económico y no hay país que aguante eso. Tampoco yo lo entendía, aprendí con los años y ahora que tengo mayor conciencia ayudo a que se otros lo comprendan”.
Y lo afirma desde el prestigio ganado a base de un desempeño cotidiano resumido en su título de Maestro de la Construcción. conferido solo a los máximos exponentes en el aprovechamiento de la jornada laboral, calidad en el cumplimiento de la norma, cero ausentismo y conocimiento de la actividad.
Miembro de los comités municipales y de la asociación constructora de la UJC, y secretario de una organización de base, define como muy retadora su responsabilidad como jefe del Colectivo Juvenil de enchape de la ECOA 47, única brigada de este contingente merecedora del alto honor concedido por el Comité Nacional de la UJC.
“Llevamos cinco meses trabajando de 4 de la tarde a la 1 de la madrugada, en Mangón C, declarada obra de choque de la UJC y la inversión más importante del turismo. El desafío radica en recuperar los atrasos de varios meses en la ejecución de este hotel, con rapidez y precisión.
“El horario tiene que ver con la implementación del doble turno en busca de total eficiencia en un lugar como este bastante criticado, sobre todo por dificultades de organización que todavía debe seguir mejorándose”.
Prefiere esquivar el tema, mas también ayudó a la formación de enchapadores. “Estuve casi un año como instructor y lo malo está en que preparas y algunos se quedan y otros no. La fuerza fluctúa y eso hace que haya que empezar y empezar, nunca terminas.
“¿Por qué se van? Puede ser por la alimentación, falta de atención o de salario. Pienso que las normas son un poco altas para los nuevos y si te quedas por debajo no cobras. Es verdad que a veces no ponen de su parte, pero están los que quieren y no pueden. Se desmotivan y abandonan”.
Hasta 90 CUC por encima de su salario (590 pesos) ha devengado Oleisi. “Lo lógico es recibir en correspondencia con el trabajo que haces pero disfruto que respeten y digan, es joven, pero sabe”.
Con un primer lugar sueña en las competencias de enchape, “Un día dejaré el segundo y tercer lugares”. Mientras tanto, se toma todo su tiempo para burlar las malas noches, descansa todo lo que puede sin renunciar a sus deberes como militante y a sus principales pasiones: el séptimo arte y la práctica de ejercicios.
El muchacho de Bartolomé Masó, en Granma, está seguro que a trabajar bien se aprende como sucede con los oficios. “Basta con que te enseñen la grandeza de conseguir las cosas con tu propio esfuerzo, con que llegues a un lugar, sin experiencia, y te expliquen, te enseñen, te eduquen en el concepto que implica ser disciplinado. En esa escuela se necesitan graduados cinco estrellas y buenos profesores”.
Que más del 70 por ciento de la población laboral de las construcciones de Varadero sea menor de 35 años, habla del peso de los jóvenes en las edificaciones para el turismo que se desarrollan en el principal polo de Sol y playa del país.
Allí, muchos como Oleisi fraguan su vida de constructores, como el hormigón, de amaneceres en amaneceres, y aunque los anima la certeza de asuntos aún sin pulir, están convencidos de que dan, sin reservas, lo mejor que tienen.
“Un reto colosal de la juventud cubana, ahora que el Congreso nos convoca a un real protagonismo”, confiesa seguro que el oficio que mejor conoce es el trabajo.
A los 29 años reconoce no haberse equivocado cuando apostó por una especialidad casi artística como colocar losas. “A muchos les gusta porque es la parte más noble, bella y limpia de la albañilería, aunque algunos se inclinan por ella sin saber lo que les espera y cuando se dan cuenta, no pocos regresan a sus provincias decepcionados. El ritmo constructivo en Varadero es muy fuerte.
“Aquí no se debe venir a jugar, a perder el tiempo, a derrochar los recursos. Algo chapucero, significa desbaratarlo y volver a hacerlo, eso es emplear dos veces lo plantificado, sube el gasto económico y no hay país que aguante eso. Tampoco yo lo entendía, aprendí con los años y ahora que tengo mayor conciencia ayudo a que se otros lo comprendan”.
Y lo afirma desde el prestigio ganado a base de un desempeño cotidiano resumido en su título de Maestro de la Construcción. conferido solo a los máximos exponentes en el aprovechamiento de la jornada laboral, calidad en el cumplimiento de la norma, cero ausentismo y conocimiento de la actividad.
Miembro de los comités municipales y de la asociación constructora de la UJC, y secretario de una organización de base, define como muy retadora su responsabilidad como jefe del Colectivo Juvenil de enchape de la ECOA 47, única brigada de este contingente merecedora del alto honor concedido por el Comité Nacional de la UJC.
“Llevamos cinco meses trabajando de 4 de la tarde a la 1 de la madrugada, en Mangón C, declarada obra de choque de la UJC y la inversión más importante del turismo. El desafío radica en recuperar los atrasos de varios meses en la ejecución de este hotel, con rapidez y precisión.
“El horario tiene que ver con la implementación del doble turno en busca de total eficiencia en un lugar como este bastante criticado, sobre todo por dificultades de organización que todavía debe seguir mejorándose”.
Prefiere esquivar el tema, mas también ayudó a la formación de enchapadores. “Estuve casi un año como instructor y lo malo está en que preparas y algunos se quedan y otros no. La fuerza fluctúa y eso hace que haya que empezar y empezar, nunca terminas.
“¿Por qué se van? Puede ser por la alimentación, falta de atención o de salario. Pienso que las normas son un poco altas para los nuevos y si te quedas por debajo no cobras. Es verdad que a veces no ponen de su parte, pero están los que quieren y no pueden. Se desmotivan y abandonan”.
Hasta 90 CUC por encima de su salario (590 pesos) ha devengado Oleisi. “Lo lógico es recibir en correspondencia con el trabajo que haces pero disfruto que respeten y digan, es joven, pero sabe”.
Con un primer lugar sueña en las competencias de enchape, “Un día dejaré el segundo y tercer lugares”. Mientras tanto, se toma todo su tiempo para burlar las malas noches, descansa todo lo que puede sin renunciar a sus deberes como militante y a sus principales pasiones: el séptimo arte y la práctica de ejercicios.
El muchacho de Bartolomé Masó, en Granma, está seguro que a trabajar bien se aprende como sucede con los oficios. “Basta con que te enseñen la grandeza de conseguir las cosas con tu propio esfuerzo, con que llegues a un lugar, sin experiencia, y te expliquen, te enseñen, te eduquen en el concepto que implica ser disciplinado. En esa escuela se necesitan graduados cinco estrellas y buenos profesores”.
Que más del 70 por ciento de la población laboral de las construcciones de Varadero sea menor de 35 años, habla del peso de los jóvenes en las edificaciones para el turismo que se desarrollan en el principal polo de Sol y playa del país.
Allí, muchos como Oleisi fraguan su vida de constructores, como el hormigón, de amaneceres en amaneceres, y aunque los anima la certeza de asuntos aún sin pulir, están convencidos de que dan, sin reservas, lo mejor que tienen.
“Un reto colosal de la juventud cubana, ahora que el Congreso nos convoca a un real protagonismo”, confiesa seguro que el oficio que mejor conoce es el trabajo.
